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Autos Rojos
Jorge Savio, titular de la empresa jujeña SITEC Informática, participó junto a un grupo de empresarios argentinos de la Conferencia Internacional del Instituto Ethos que tuvo lugar en Brasil a fines de mayo. El ejecutivo relata aquí su experiencia y relaciona las teorías de RSE con las enseñanzas de su primer maestro: su abuelo Policarpo.
 

El primer impacto del viaje, fue entrar a una empresa del futuro, de a poco fui dejando de lado los detalles de la impactante arquitectura, y pasé a percibir una mística empresaria, un concepto de negocios, un concepto de vida. Estoy en el futuro; pensé, es un sueño, parece fantasía pero es real, se percibe, se siente humano.
Al ver en Natura el sistema automatizado donde se preparan los pedidos, vino a mi mente mi abuelo Policarpo, mi mentor.
Policarpo, era un almacenero de ramos generales, un gran visionario, un emprendedor. Por las mañanas, frente a una gran balanza, pesaba los cajones con los pedidos de mercadería de sus clientes. Anotaba en una libreta el peso de cada cajón y recién autorizaba la carga a la camioneta (el Delivery).  Intrigado, siempre le preguntaba para que anotaba el peso de cada cajón a lo que respondía que él tenía una mente superior, sabía cuanto pesaba cada producto, hacía el calculo mentalmente de lo que debía pesar el pedido completo; entonces de esta manera se aseguraba que el cliente recibía el pedido correcto. Muchos años observé a mi abuelo Policarpo repitiendo esta acción, fui creciendo y un día me confesó que en realidad sumaba los pesos de los cajones para verificar que no excedan el peso admitido por su camioneta y preservar de este modo los elásticos.
Comenzando las conferencias Ethos, comencé a descubrir conceptos nuevos, nuevas caras, dinamismo, mucha…, mucha acción; indicadores, consumo conciente, negocios inclusivos, comercio justo, desarrollo sustentable.
Escuche hablar de la ética en los negocios y otra vez, vino a mi mente el abuelo Policarpo.
Doce nietos jugábamos por las siestas, corríamos bolsas de harina para hacer cada uno su negocio, la semillería, la perfumería, almacén, etc. El abuelo Policarpo dejaba las consignas antes de dormir su siesta. No podíamos asumir todos los días el mismo rol. Yo disfrutaba cuando me tocaba ser el banquero, esperaba la hora de cierre en el patio de comidas, una mesa que siempre estaba detrás de la conservadora con una buena mortadela. Al cerrar el juego juntaba los billetes construidos con papel de almacén de todos los negocios y los custodiaba celosamente hasta el día siguiente. La consigna que dejaba el abuelo para negociar era mirarse a los ojos en el momento de la negociación, y al finalizar ambas partes debíamos decir si estábamos felices con el negocio realizado, si era así, el negocio era bueno, caso contrario, no servía y se anulaba la transacción.
Recordé aquel día cuando el abuelo Policarpo ya casi ciego y aún al frente de su negocio me pidió que le leyera el diario; y entre las noticias…, su cliente; estaba preso. Me pidió escribir una carta sin titubear. La hizo llegar el mismo día a la cárcel diciéndole a su cliente preso, en otras palabras, que no se preocupara que él no era quien lo juzgaría ni le importaba el motivo de su detención, era su cliente de mas de veinte años. Que no importaba el tiempo, que se quedara tranquilo ya que él no haría faltar la mercadería a su familia para que se pudiesen alimentar durante su ausencia en el hogar. Así lo hizo por tres meses sin cobrar.
En la conferencias Ethos, comencé a escuchar de los Stackholders, la ciudadanía empresaria, capital social, formación de consumidores, inclusión de géneros y la no discriminación y es así que cada tanto me apartaba para recordar al abuelo Policarpo quien me ayudaba a comprender algunos conceptos.
Pensé encontrar chicas “bellas” recibiendo al público…
Personas diferentes conformaban la belleza. Vi pasar a un ciego apurado y me recordó los últimos años del Policarpo, cuando su ceguera avanzó no le quedaba otra opción que estar en la caja, cobraba y daba vueltos, con total confianza preguntaba a sus clientes que billete le estaban dando, y lo guardaba en el casillero adecuado.

Al hablar hace un par de años con mi amigo Marcelo Gennari, un gran Couch, desahuciado le describía la realidad empresaria de Jujuy, mi realidad. Le dije: vos que viviste en 18 países, decime donde, abrime alguna puerta ¡por favor! el me escuchaba atentamente y me respondió: “lo tuyo es un problema de enfoque”.
Marcelo me dio un ejercicio para modificar mi enfoque, el cual quiero compartir: “decidan un día salir a la calle y enfocarse solamente en ver autos rojos, solo rojos, piensen solamente en coches rojos… de repente verán cómo las calles se llenan de autos rojos hasta el punto de pensar que hay más vehículos rojos que de otro color. Ese es el poder del enfoque.”
A los días comencé a jugar en la calle, y sorprendentemente tenía razón.
Pasaron los meses y un día me invitaron a una reunión, allí llegaba Raúl en un auto rojo, a los meses vino Emilio desde Córdoba a compartir un almuerzo al que  llegó Lucy en su auto rojo, al poco tiempo conocí a Lidia, nos enviábamos mails, hasta que un día jugando la vi pasar por el centro en su camioneta roja, y así fueron apareciendo mas y mas autos rojos y hoy somos mas…
El impacto de convivir en Ethos con dos mil “autos rojos” durante una semana.¡No se puede explicar!
Pensando una vez más ¿Qué quiero ser cuando sea grande? Intentando gestionar mis contradicciones, tengo la certeza de cual es la misión.
Construir una autopista donde todos los autos rojos podamos correr a toda velocidad y en una dirección construyendo cadenas de valor.
Es así que hoy regreso de Ethos y abro las puertas de mi empresa intentando aterrizar, con la clara sensación del despegar.
JS